Cuando yo estaba muy pequeña leí "El principito", fue uno de los primeros libros que no eran de historietas o animados a los que tuve la oportunidad de acercarme junto con "El viejo y el mar" gracias a la imposición académica de mi maestra de turno.
Obviamente no entendí nada de ninguno de los dos, pese a ser ambos parte de las grandes obras maestras de todos los tiempos. La razón es obvia, con respecto a "El principito" -que es el libro que me interesa resaltar- está dirigido a los adultos y sus historias y el mensaje que trae consigo tienen el objetivo de recordarnos a los que ya no somos niños, que en efecto alguna vez lo fuimos.
El pasaje de la caja con el cordero es una de las primeras escenas que empieza a vislumbrar el objetivo del autor. Un niño - el principito- que en tono imperioso le exige al aviador accidentado que le dibuje un cordero, lo obliga a despertar la sensibilidad dormida desde la niñez dando como resultado el dibujo de una caja que contiene al deseado cordero. A que tratemos de "mirar con los ojos del niño"nos invita Viktor Lowenfeld en su libro "el niño y su arte" y a que descubramos todos el cordero soñado y que tenemos en la mente y el corazón nos invita el aviador del principito con su inolvidable caja
martes, 10 de abril de 2007
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